La inmigración como fenómeno

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Valla de Benzú situada en Ceuta, frontera entre España y Marruecos. Santiago Martín 

«El resto de España no sabe ni la mitad de lo que pasa en Ceuta»

La crisis migratoria en Europa es un fenómeno que ha marcado esta década. Personas de distintos países de África se ven obligadas a abandonar sus lugares de origen debido a la drástica situación de pobreza y desigualdad social que viven día tras día. Los medios de comunicación lo conocen como el mayor éxodo migratorio que vive el continente desde la Segunda Guerra Mundial. Las costas griegas e italianas presencian este fenómeno a diario. Sin embargo, la frontera sur que separa España de Marruecos ha sido testigo durante años.

Akkani Abed es una persona inmigrante procedente de Guinea Conakry que ha recorrido más de 5 mil kilómetros para llegar a las costas de Ceuta. Él ha viajado durante meses con la esperanza de llegar a Europa y conseguir una vida mejor. Akkani ha vivido siete meses en el Centro de Estancia Temporal de Inmigración de Ceuta (CETI) y su tiempo bajo la tutela del Estado español ha terminado.

Según la Delegación de Gobierno en Ceuta: «más de 2500 personas inmigrantes cruzan la frontera cada año en esta ciudad». Estos hombres y mujeres ​proceden de dos zonas de África, aquellos del área anglófona (colonizados por países de habla inglesa) y del área francófona (colonizados por países de habla francesa). Las personas migrantes que no poseen documentación intentan cruzar la frontera irregularmente de varias maneras: estos suben a embarcaciones tipo pateras o son escondidos en vehículos procedentes de Marruecos. Delegación de Gobierno afirma: «la mayoría de los intentos de llegada masiva de inmigrantes en Ceuta se producen intentando violar los ocho kilómetros de frontera que separan España de Marruecos». Es decir, la gran mayoría saltan la valla de tres metros de altura protegida con alambre de espino que separa los dos países.

El papel de la Guardia Civil se limita al cumplimiento de las leyes establecidas por la legislación actual. En este caso, su cometido es: «impedir que personas entren de manera violenta o violando nuestras fronteras vía terrestre o marítima». Pero, una vez han conseguido llegar a territorio o aguas españolas, la Guardia Civil debe acogerlos. «Los inmigrantes son devueltos a su país de origen o se les hace los trámites correspondientes y su vuelta varía dependiendo de los convenios internacionales», explica Alfonso Cruzado, responsable de prensa de la Comandancia de Ceuta.

La responsabilidad de la Cruz Roja es «el primer contacto con los inmigrantes», afirma Ana Antolí, miembro activa de la ONG y trabajadora del departamento de salud, socorro y emergencias. Los voluntarios de la organización se encargan de colaborar en las medidas de salvamento y proporcionar los primeros cuidados médicos a aquellos que logran cruzar la frontera. «Hemos tratado con cerca de 300 personas inmigrantes en los tres primeros meses del año», declara Ana. «Hablamos de números, pero son personas, son vidas que están intentando buscar un futuro mejor».

Valla del Tarajal situada en Ceuta, frontera entre España y Marruecos. Santiago Martín

Después de su paso por la frontera, las personas migrantes son trasladados a los Centros de Estancia Temporal de Inmigración (CETI). Estos son establecimientos de la Administración Pública dedicados a dar servicios y prestaciones básicas a las personas inmigrantes y solicitantes de asilo. Durante la estancia de las personas inmigrantes, el CETI realiza los trámites de identificación y chequeo médico antes de tomar medidas en función de su situación administrativa en España.

La función y actuaciones llevadas a cabo por los CETI ha sido criticada en varias ocasiones. Por un lado, la Delegación de Gobierno asegura que el CETI de Ceuta es modelo de Europa para el tratamiento de la inmigración. Por otro lado, la representante en España del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), Francesca Friz-Prguda, afirmó en 2016 en una entrevista con Europa Press que los CETI de Ceuta y Melilla «no son aptos para refugiados». Aún así, Marina Díaz, representante de Andalucía Acoge; y Ana Antolí, miembro de la Cruz Roja, están de acuerdo en que el gran problema del CETI es la «sobre ocupación». «Las condiciones no son las más idóneas y lo hacen lo mejor que pueden»

Las ONG con base en Ceuta colaboran con la Administración Pública para tratar el problema. Cruz Roja y ACNUR son algunas de las organizaciones que colaboran dentro del CETI con el objetivo de facilitar la integración de las personas inmigrantes en España cuando accedan al resto del territorio nacional. Asociaciones como Elín, les acogen y realizan actividades que ayudan a compartir la cultura africana y la española.

Paula Domingo Domingo, coordinadora de la asociación Elín, declaró que el momento más duro que ha vivido en sus 20 años como voluntaria en Ceuta fue la tragedia del 6 de Febrero de 2014. Ese día, 15 personas murieron ahogadas intentando cruzar la frontera mientras la Guardia Civil descargaba sobre ellos pelotas de goma y botes de humo. «Cada día aparecía nuevos cuerpos, y tuvimos que enterrarles. Esa semana fue muy dura», confesó Paula Domingo.

Los ciudadanos de Ceuta están acostumbrados a ver esta tragedia todos los días. Aún así, las ONG y los universitarios de la Universidad de Ceuta discrepan en que el resto del país esté realmente concienciado de la situación. «El resto de España no sabe ni la mitad de lo que está pasando aquí», afirma una estudiante de enfermería de la universidad. «A veces somos más conscientes de lo que pasa en otros países que en nuestras propias playas. Desgraciadamente, la situación se ha normalizado», asegura un miembro de la Cruz Roja.

Al final del camino, los hombres y mujeres inmigrantes abandonan el CETI y continúan su viaje sin la ayuda del Estado. Akkani Abed, inmigrante procedente de Guinea Conakry cuenta que su sueño es «estudiar contabilidad» y formar una familia. La solución al conflicto todavía está muy lejos. La situación no mejorará hasta que los países migratorios cambien su situación de miseria y Europa cree una nueva legislación que apoye los derechos de las personas inmigrantes y los refugiados. Mientras tanto, el primer paso para alcanzar la solución es concebir la inmigración como un fenómeno, no como un problema.

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